miércoles, 30 de abril de 2014

Seguir, avanzar, detenerse y soportar...¿vida?

Lo medité, lo conversé, lo discutimos, lo peleamos, lo lloramos y lo celebramos.


Me dí el coraje y me paré junto a tí para vivir contigo, vivir los dos una vida eterna.
Miedo, temor, responsabilidad y felicidad porque no todo es tan malo, porque te quiero y porque acepté esta junto a ti, acepté darnos un paso más y definitivo, acepté darme una oportunidad.



¿Qué es lo que ocurre entonces conmigo que me siento abandonando mi ser? ¿Qué pasa conmigo que me siento perdida y triste, acongojada, molesta e incómoda?

Las peleas frecuentan y las tardes de compañía contigo se han vuelto a una rutina de verte desde la cama mientras estas jugando en el escritorio o de tu mirándome mientras hago mis cosas...¿donde se fue el nosotros?

Me siento perdida y al mismo tiempo siento que debo darnos una oportunidad más. Porque nos costó empezar, porque luchamos por estar juntos y ahora lo estamos, y porque estamos recién empezando...no podemos ser tan distintos...¿o si? Los dioses quieran que no sea así.

lunes, 14 de abril de 2014

Mirando

La veía temprano arrastrando su silla y sentándose delante de su puerta. Su figura delgada y pequeña podría haber sido confundida por una niña pero su andar pausado y su cabeza ya gris denotaba el tiempo transcurrido en esta Tierra.
Se sentaba y miraba. Raramente conversaba y todo animal que pasaba cerca, se detenía a mostrarle sus respetos mientras ella se lo agradecía acariciando su pelaje.
Nunca me miró. Nunca miró a ninguna persona con interés y solo se detenía brevemente en nosotros lo suficiente como para saber que éramos reales.
Ella, solo estaba ahí durante el día y yo solo la miraba al pasar. Sus ojos color miel eran nostalgicos; su rostro zurcado por líneas del tiempo era afable  y una muy leve sonrisa de satisfacción bailaba en sus labios.
Un día dejé de pasar, dejé de recorrer el camino que pasaba por fuera de su hogar. Por ese tiempo, su recuerdo me seguía hasta que su rostro fue solamente un borrón y mil otros recuerdos lo sepultaron en mi memoria.
Hoy he vuelto a recorrer aquella calle y su pequeña casa azul con puerta café y barrotes negros en las ventanas solo revelaban un gato dormilón y andrajoso mirando despreocupadamente desde la puerta.
Ella no estaba, su silla se había ido y la visión de su cuerpo, su cara y de sus ojos se removió en mi interior. Ya no la vería más y la nostalgia de aquella verdad me dejó triste.
Su calle guardaba silencio y el gato me miró un momento. Sus ojos color miel me miraron con curiosidad solo el tiempo suficiente como para saber que estaba allí y luego continuó su vigilancia, siempre allí, siempre mirando.

====

No sé su nombre y no sé nada de su vida, pero por un momento marcó mi vida. Señora, que tenga un buen viaje y este es mi forma de homenajearla y agradecerle por estar allí.