Cuando vas a emprender un viaje revisas que todo este chequeado, que lleves la ropa suficiente, algunas fotos, algo donde escribir, quizás un libro, los artículos que siempre usas y que extrañarás. Pero siempre tienes algún presentimiento de que algo se te esta olvidando en algún lugar y sabes a ciencia cierta de que no sabrás que es hasta que no haya vuelta atrás.
¿Qué pasa con esos viajes cuando sabes que no volverás?
En esta última semana vi partir a dos personas que si bien las conocía por uno u otro motivo, no me eran cercanas, pero así las sentí. Dos personas en 3 días partieron para no volver y las lloraron, las lloraron mucho y más.
Eran personas que si bien no habrán sido santos, otras personas las querían y definitivamente no querían que se fueran, no así, tan repentinamente como sucedió.
A ambos los vi, ahí en ese gran cajón donde las ponen para "el último adiós" y ¿saben qué? se veían contentas y tranquilas.
Era tan extraño ver a personas con los ojos hinchados que iban y venían y a otras personas con cara de tristeza "ayudando a sentir" el pesar de ver a alguien partir al lado de estas personas contentas y tranquilas rodeadas de sillas, luces, velas, fotos y flores.
Nunca antes la muerte me pareció tan amigable que en ese momento.
Solo es un viaje, un viaje más.
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