Despertó casi como si estuvieran llamando su nombre, susurrandolo cerca de su oído.
Su mirada se perdía aún somnolienta tratando de despertarse de alguna manera. Se agudiza y levanta las orejas para escuchar mejor. Dejando atrás todo aquel tranquilo sueño se levanta rápidamente y salta fuera de mi vista dirigiéndose rauda y veloz a su encuentro casi como si estuviera hipnotizada.
Ella lo sabía y ahí estaba, en la ventana sentada mirando impasible y paciente casi sonriendo, casi con ansias.
Se abrió la puerta y no tuve que mirar para saber quien era, no era cosa de adivinarlo, era ella y mi gata lo sabía.
Ronrroneó.
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